martes, 27 de marzo de 2018

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El hambre, precisamente no hablo de comida, es ese deseo inexplicable de cosas o mejor dicho de la búsqueda de cosas, casi hasta un parámetro obsesivo en donde la persona afectada no puede notarlo a gran escala.
Rara vez produce placer, pero cuando lo hace, es un orgasmo de placer inexplicable que explota en el momento, una droga, un éxtasis, un sentido de realización indescriptible y un vacío enorme que nos deja desnudos en el mundo.
Es imposible saborear la victoria de lo logrado porque no existe más, salvo en algún que otro comentario de “lo hice”. La próxima vara es igual o más alta y no tardan los engranajes para ponerse en marcha, haciendo que te tiemblen las manos como a un drogadicto en abstinencia, el juicio se nubla cuando perdemos la humanidad y nos convertimos en animal que tiene a su presa entre los ojos, no tenemos claro el objetivo final, pero lo vamos a intentar. Porque mamá quería que fuéramos alguien, porque papá sabía que yo podía ser más, porque de chico era mi vocación según la tía que me vio jugar con un estetoscopio a mis cinco años y por los próximos quince repetiría que sea el dotor de la flia.
El vacío y la duda luego de consumar la victoria, el frio y la soledad después del ahora.
De animal a robot automatizado, cumpliendo patrones de logros, trabajando porque todo lo que hice me trajo hasta acá y ¿Qué voy a hacer? no sabemos hacer otra cosa.
La humanidad se va y solo nos queda el hambre para buscar ser humanos, porque no hay nada más humano que devorarse el alma, condenándose a la búsqueda de gloria etérea, efímera.
¿Para qué? El circulo vuelve a comenzar y estamos en él.   

martes, 30 de enero de 2018

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Redirigir la pasión por fuera de las letras.
Encontrar un nuevo mundo.
Despojarte de la ropa.
Quemarme con fotos.
Atreverse cuando no hay que hacerlo.
Desafiar la moral.
Gritarlo en secreto.
Horrorizar a quienes te dan por costumbre.
Atentar contra todo lo que se ve.
Liberar todo lo que podés llegar a ser.
Con miedo, pero haciendo.

miércoles, 24 de enero de 2018

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Esperando que las respuestas lleguen, sin más que un designio divino, una suerte de señal que indique el camino, bueno o malo, estamos perdiendo y no sabemos que es lo que perdemos, capaz eso sea lo que nos mate lentamente. Todos nos encontramos atravesados por la lanza de la duda en ciertos momentos; ayer una chica estaba perdida entre muchas personas, arduamente centrada en su vaso de cerveza mientras muchas voces en off esquivaban su ser. Dos colectivos nunca frenaron porque él no los paro, su mirada perdida y sus auriculares ayudaron a que no llegara tarde, porque no tenía ningún lugar a donde ir. Ambos estaban viviendo en un mundo paralelo totalmente perceptible para quien los mirara con atención, es como si el tajo creado por la lanza fuese un portal a otro mundo de tristeza. Estaban acá pero les juro que no lo estaban, estaban allá, en todo caso, en ambos lugares no estaban; y estaban tristes. Es otra historia cliché que no tiene un final, porque siempre es un constante. Somos seres tristes y perdidos que buscan refugio en inciertos, como lo eterno. Nada lo es, pero créelo. Créelo, para que no dudes. Si dudas, te perdés Y si te perdés, vas estar tomando una cerveza o esperando el bondi; otra vez. 

lunes, 8 de enero de 2018

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¿Por qué tememos mostrar nuestra piel?  
Marcada con pintura rupestre de vidas pasadas no vividas.
Cavernícolas tecnológicos o fantasmas robótico
Nuestras almas pecan de cumplir ese castigo.
Sin entender como despertar de este sueño monótono.
Sin entender como despegar de lo triste del costado.
Desnudate y bautiza tu nuevo yo
En las ruinas de tu templo
En la luz de la luna.
En el grito sordo.
Ardé.

jueves, 16 de noviembre de 2017

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Me di cuenta que tengo un irremediable atracción por aquellos que juegan con la sexualidad, que empujan el limite logrando molestar a otros, que no tiene miedo de mostrar su desnudes y la valentía de despertar todos los bajos instintos en el otro; aunque sea digitalmente, aunque sea irreal, aunque sea fortuito e irrepetible.
Soy una copia intentando ser todo lo que veo de ellos, cuando en la realidad cercana me sonrojo y tartamudeo.
Me divierte, me excita la fantasía ficticia que nunca se da; me asusta la fantasía real que puede ser. Me escudo en el silencio pactado entre dos, aquel de nunca revelar el ser virtual que creamos en fotos, en audios y en video, pero que nunca se concreta en carne. No logro entender todo esto, la capacidad de masturbarme con un extraño y la incapacidad de compartir aire con alguien que me atrae

miércoles, 15 de noviembre de 2017

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Cada trazo y cada camino que terminamos recorriendo, despiden ecos de algo distinto que se quedan grabados como serpientes en arena, silenciosas y, a su vez, van dejando huellas, huellas que permanecen grabadas en cemento, grabadas en la memoria, sigilosas para aparecer en los momentos más inesperados. Un cuento, un corazón, un cerebro, una materia prima para crear algo nuevo que finalmente después de cierto tiempo será abandonado, olvidado, sepultado abajo de los nuevos palacios que vienen y desbancan los suelos viejos que existían ahí antes que ellos. Y éstos, a su vez, desbancan a los demás y formando bolas y desfiguros se vuelven muy difíciles de arreglar. Algo más que es difícil, es encontrar los pasados que queremos componer, tanta pintura sobre la fachada desgastada impide y modifica la respiración del animal; esa bestia sagrada que cambia para siempre y muy rara vez dormita. Nada nos garantiza que tendremos lo que tenemos, nada nos garantiza una vida segura, tampoco sabremos si tendremos pensamientos que llevan a una espiritualidad iluminada, nada nos garantiza la paz. Pienso en que no somos dueños de lo que ya logramos. Y nada nos garantiza que seguiremos siendo los mismos pero siempre tendremos las huellas, esas huellas para recordarnos de dónde y porqué vinimos hasta aquí
El Trío De Omar Rodríguez-López