domingo, 7 de agosto de 2016

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Me gustaría volver en el tiempo para ayudar a todas esas almas que conocí luego de su fractura    

lunes, 1 de agosto de 2016

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Pestañe entrando en un estado de sueño pesado, la puerta al mundo irreal de las fantasías y allí me encontraba; en un cuarto donde un tajo de luz salido de una tele cortaba con la oscuridad total, iluminando la cara de un nene de nueve años. El nene estaba jugando a la play, para ser más exacto al Final Fantasy Tactics (si con ese dato no se dieron cuenta aun queridos lectores, ese nene era yo). Me senté a mi lado, viendo como jugaba (bastantes movimientos reprochables y sin sentido que llevaban a un "¡Ufa! y resetear el juego, una y otra vez) tome el joystick y resolví varios niveles con la practicidad que me enseño la experiencia hasta que note la incomodidad y fastidio del pequeño caprichoso(A fin de cuentas le estaba enseñando como hacer las cosas de forma correcta) "¿Que pasa?" fue el detonante para sus reproches "A mí no me gusta este que usas, quiero el otro. ¿Por qué vas por ahí?. Ese nivel era lindo, tendríamos que repetirlo. ¿Vos siempre haces las cosas aburridas?". Y ahí estaba yo, enseñándome a no ser divertido, a ser pragmático, a ser un resultadista. Y ahí estaba yo, mostrándome que perdí lo importante, que ponderaba resultado por alegría, gozo por eficacia, tristeza por una pseudo adultez. Lo último que recuerdo del sueño fue que me dijo "¿Querés que te enseñe a jugar?", cosa que había ya había logrado.

jueves, 7 de julio de 2016

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Aprendí que le temía a los colores y  que era posible ampliar mi paleta de grises y azules sin vida, busque el suave pincel de decisiones entre el mar de las posibilidades de colores; rojos, verdes, azules y amarillos; pasiones, sangre, libertades, liberaciones.
Temí. Mire mi obra gris gris y temí. Temí por destruir todo lo que era y todo lo que fue. Temí por la incompatibilidad de colores. Temí al cambio. Temí por traicionar al artista veintitantos que no culmino su obra.
Temí a los colores que no eran los míos

jueves, 26 de mayo de 2016

Carta abierta para cualquiera

Perdón, como cualquier texto dirigido a nadie debería comenzar, pidiendo perdón a los otros del pasado, del presente y del futuro, pero más importante que todos es pedirte perdón a vos mismo (la redundancia es aceptable para no confundir con que esta carta tiene un destinatario directo). por eso permito que esta carta sea leída y usada por todos aquellos que no somos nadie. Algunos describen la vida como un juego, son aquellos los que toman decisiones tirando una moneda y haciendo rodar los dados, estos son los emocionales. Podríamos decir que una persona racional tira un dado solo porque no tiene opción o porque considero todas las opciones, las probabilidades y el que pasará en todos los escenarios. Pero estos seres tan extraños, que parecen sacados de una historia colorida, no miden en el juego de la vida, no consideran sus acciones, el entorno y el peso de cada giro del dado. Solo lo hacen, apuestan a todo o nada, piensan en binario, en buenos y malos, sin considerar que todos somos héroes o villanos, como saben los racionales, no se despegan del corazón viviendo el presente, sin entender que su pasado los condiciona haciéndolos prisioneros de este, tan prisioneros que se sienten libres (esa es la ironía de la vida que siempre está presente). Su amor siempre quema con una intensidad heroica, brillando tanto que llena de sombras los anteriores, ocultándolos solo para ellos, basta con entrecerrar un poco los ojos para notarlos cerca, ese es el peligro de la cuestión porque cuando uno acepta que están ahí busca esas pequeñas trampas para enterrarlos y meter siempre un poco mas de tierra, como saben los racionales, pero al dejarlos en sombras, normalizando la situación nunca logran despegarse de ellos, aunque tomen distancia en lugar o tiempo, estos vuelven a arder un poco desestabilizando a los emocionales, que en una mezcla de inocencia y negación piensan que pueden con la situación, diciendo palabras que se contradicen con sus actos, pero que estos creen y automáticamente las convierten en reales, para estos, aunque difieran con la realidad, como saben los racionales. Pero no todo lo que diremos de los emocionales es malo porque ellos aman, aman un montón en su forma caprichosa y pura de ver la realidad, pero tristemente no es sana para aquellos que ven las cosas de una forma no emocional, como saben los racionales, porque ellos también aman a su forma, que suele parecer egoísta y malvada para los emocionales (y molestar a los racionales) porque no termina como ellos querían. Pero los racionales, que no saben nada, fueron emocionales o lo serán en algún momento, y cuando eso pase espero que recuerden todo esto y sean un poco más suaves con el otro, que es un villano tanto como un héroe.

viernes, 29 de abril de 2016

2904201607:04



La tarde cae sobre el cristal dejando de mostrar mi reflejo, la falta de él me arranca una sonrisa, una sonrisa amarga que me recuerda lo que se reflejaba. Entiendo tu adiós, tantos meses después, entiendo el llanto de mis padres y el dolor de mis  hermanos. Viendo esa figura insípida que los años trabajaron, como los pequeños engranajes se fueron parando. La pasión, el autoestima, el amor propio, el tiempo. Después del tic, llego el ultimo toc. ¿Cuantos aun funcionan? ¿cuanto maquillaje tapa mis ojeras? ¿cuantas sonrisas disimulan mi tristeza? ¿cuanta ayuda puedo prestar para condenarme silenciosamente?. La tarde pasó, la noche llegó. La oscuridad invade mis pensamientos y fantasías ¿cuantos más como yo fantasearon con un manantial rojo de su costado? ¿cuantos culminaron esa idea tan embriagante del que vendrá? ¿cuantos se arrepintieron cuando el metal tomo color y calor? ¿cuantos lloraron? pero más importante ¿cuantos rieron?

miércoles, 27 de abril de 2016

Nusch



Los sentimientos aparentes.
Ligereza del acercarse.
La cabellera de las caricias.

Sin preocupación, sin sospechas.
Tus ojos se entregan a lo que ven:
Son vistos porque ellos miran.

Confianza de cristal
entre dos espejos.
Tus ojos se pierden en la noche
para añadir el insomnio al deseo.